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  • OPORTUNIDADES EN LA BASE DE LA PIRAMIDE

    La pobreza extrema se ha reducido a la mitad desde los 80, y la oportunidad de servir a los más pobres de forma rentable se va haciendo realidad, para las empresas que adaptan sus modelos de negocio adecuadamente.

    El Banco Mundial estima la población global en situación de pobreza extrema en algo menos del 10% de la población total (datos de Octubre de 2015). La distribución geográfica de la pobreza es irregular: mientras que en Europa y Asia Central el porcentaje es de sólo el 0,5%, es del 5% en Latinoamérica, del 24.5 en el Sudeste Asiático y del 46.8% en el África Sub-sahariana (datos de 2011). De cualquier forma, la pobreza extrema se ha reducido a la mitad en el planeta desde los 80.

    En los países más pobres, la falta de recursos económicos de las personas en situación de pobreza extrema (que disponen de menos de 1,90 dólares al día) les impide adquirir alimentos, con lo que su situación física se deteriora, enferman, no pueden trabajar, y ello les conduce a una espiral difícilmente frenable hacia la muerte de los individuos adultos y de sus familias. Según las Naciones Unidas, cada día mueren 21.000 personas en el mundo de hambre o de problemas relacionados con él.



    La situación es ciertamente diferentes en los países denominados “avanzados”, aunque la persistencia, e incluso el avance, de la pobreza en estos países no es en absoluto un tema irrelevante. En algunos países de Occidente trabajar ya no es suficiente para poder vivir (ni siquiera, para comer). Los salarios no sólo no han crecido, sino que han disminuido, y no son suficientes para que muchas familias puedan subsistir. Así, en 2006 el Gobierno norteamericano sustituyó el término “hambre” por el de “inseguridad alimentaria”, para describir todo hogar que no dispusiera de comida suficiente para que sus miembros pudieran nutrirse de forma suficiente. Con este criterio, la población “con hambre” en Estados Unidos se estima que fue de 48 millones de personas en 2012 (lo que representaba un incremento del 57% desde finales de los 90).

    La mejora de las condiciones de vida de millones de personas en muchos países emergentes da aires renovados a la propuesta que hizo Prahalad a finales de los 90, por la que sugería a las grandes empresas multinacionales el potencial de negocio de la “base de la pirámide” (BoP: base of pyramid). Se trata, si utilizamos su propio titular, de “servir a los más pobres, de forma rentable”. De dejar de “ayudar” a las capas más pobres de la sociedad (la “base de la pirámide”) a través de proyectos humanitarios para “propulsar” su desarrollo a través de los negocios. De desarrollar nuevos modelos de negocio, a menudo de base tecnológica, pensados específicamente para dar valor a esa capa de la sociedad, y generar con ello resultados. Así, además de generar negocio, y contribuir al desarrollo de esas sociedades, se producirá también un retorno en innovación.

    Prahalad proponía vender productos y servicios baratos, en grandes volúmenes, a la base de la pirámide global, que estimaba estar constituida por unos cuatro mil millones de personas. Con un foco especial a los habitantes de las ciudades de los países en desarrollo. En su argumentación destacaba el hecho de que, paradójicamente, en algunos suburbios de los países en desarrollo, disponer de los productos más elementales (como el agua, o el acceso a crédito) era más caro que en los barrios de clase media de sus ciudades (“the high-cost economy of the poor”).

    La evidencia de la última década parece indicar que no resulta nada fácil a las grandes empresas sacar rentabilidad de la base de la pirámide. Por un lado, la economía informal es la que domina en muchos de los países en cuestión. Por otra, el modelo BoP solo funciona cuando se consiguen grandes escalas, lo que se ha demostrado muy costoso. Existen, es cierto, casos de éxito. Muchos de ellos se basan el lanzamiento de productos sencillos, que ataquen un problema local. O productos con un doble componente: que sean una solución a un problema, y a un precio asequible. O productos/servicios con una cadena híbrida de valor: que aparte de dar una solución en forma de producto, movilice a agentes locales, formando a personas o estimulando la aparición de pequeñas empresas de producción y distribución, de base emprendedora.

    Se ha definido, por ejemplo, un protocolo para negocios BoP (the BOP protocol), “un proceso empresarial que guía a las empresas en el desarrollo de alianzas comerciales con las comunidades de ingresos pobres con el fin de cocrear negocios y mercados que beneficien mutuamente las empresas y las comunidades". De nuestro proyecto NOW IS NEXT para Fundación CEDE.

    by acornella on marzo 2017
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